Lo tenía todo planificado. Quería ir despacio, quería un romance
de libro, de esos en los que el chico te engatusa con gestos bonitos y momentos
para contar a los nietos; igual, alguna que otra frase picara que me hiciera
pensar en él por las noches. Quería que ganáramos confianza con cada paso dados
juntos, cogidos de la mano manteniendo al otro en pie.
Por las noches esas conversaciones sin sentido solo por el
placer de ver su nombre en la pantalla, queriendo que no desaparezca nunca,
mandando indirectas y contando miedos, y al llegar la hora de dormir, la
obligada hora de dormir, su media hora de rigor despidiéndonos, con sus ‘’ Nos
vemos pronto ‘’, sus iconos de corazóncitos y finalmente el ‘’Te Quiero’’ más
esperado.
¿Era mucho lo que pedía? ¿Imposible de conseguir?
Sinceramente creo que no.
Cuando el destino tiene escrito algo para ti. Da igual lo
que quieras; acabara pasando.
Él llego y rompió todo mi sueño. Quemó en unas horas años de
espera y expectativas que no se cumplirán para mí.
Ahora camino a ciegas. Por un camino nuevo, con pocas luces
y carretera sin asfaltar, al lado de un chico que me agarra la mano, pero no me
mantiene en pié.
Cuando por su boca salen esas tres palabras desgarradoras
‘’Confía en mí’’ me gustaría que mi corazón respondiera ‘’La confianza se
gana’’, pero en vez de eso el cerebro se adelanta y hunde más mis sueños con ‘’Si,
lo hago’’ cuando sabe que es mentira.
Una parte de mí, el último trozo de soñadora que me queda,
quiere quitarme la venda, soltar su mano y buscar un camino más iluminado, con
menos avugueros.
La otra parte, la blanda, la de las quintas oportunidades,
me aconseja que debo seguir, me dice que posiblemente más adelante halla más
luz, que el camino cambie de arena a hierba, que no crea que no habrá avugueros
pero si me encuentro con alguno, su mano estará lista para mantenerme en pie.




